sábado, 1 de agosto de 2009

la princesa con bigotes y el chancho con alas.

Erase una vez en un reino no muy lejano, pero no muy visitable, una princesa con bigotes. Como en aquellos, tiempos muchos reinos más importantes habían tomado la costumbre de resguardar a sus princesas con dragones, el acceder a unos de estos se había hecho difícil, y el reino de Rasca no siendo particularmente poderoso, tuvo que conformarse con un chancho volador. Rasca era tan pobre, que la princesa debía cocinarse, lavar, asear, etc. y hasta encargarse de los cuidados de su propio guardián.
Al ser un cerdo alado, este increíble ser cuenta con habilidades distintas a las de un dragón. Tal vez, no tan nobles como lanzar fuego pero igualmente efectivas, pues de su trasero salen gases venenosos que a más de un príncipe ha ahuyentado, y a otros los ha condenado a vagar por la eternidad sin nariz y con una mirada estrambótica.
En cuanto a la princesa con bigotes. Que he de poder decir, bonita, bonita no era, que fuera heredera de un reino muy poderoso… mmm no; que su nombre inspirara los más bellos poemas de las más grandes gestas de valentía, de sagaces hombres de amor… no, pues su nombre era Mela, y como podrás imaginar Mela Rasca no es particularmente un nombre poético. Aquella poco agraciada princesa del mostacho, cultivaba una gran huerta en alguna de las torres más altas del castillo, con ella alimentaba a su rollizo y mal oliente guardia. Pues por mucho que fuera un cerdo horrible, ese cerdo la cuidaba. Así era que todos los días ella cocinaba para la bestia y la bestia devoraba cuanto recibía, tal vez por que simplemente era una bestia, o por que valoraba esa demostración.
Al pasar el tiempo, no digamos que las gracias de la princesa Mela fueron en aumento, pues solo sus bigotes se mantenían firmes. Sintiendo que tal vez el tiempo se le iría en esperar, empezó a coquetearle a cualquier príncipe pasante, que alcanzase a ver por su ventana. Si bien muchos siguieron su camino ignorándola, y uno que otro hizo algún gesto de arcada, más de alguno lo intento, porque para que estamos con cosas, Mela aún tenia lo suyo.
De los cinco príncipes que lo intentaron, dos murieron atrapados por las nubes de gases de aquel chancho con volador… que a todo esto se llamaba Pancracio el chancho con alas. El tercero murió aplastado por las posaderas de pancracio, el cuarto si bien evito a Pancracio y llego hasta aquella bella habitación con cortinas de bordados de oro, al ver cara a cara a Mela, este se arrepintió de liberarla y se fue. El quinto tomo a Mela como quien dice, como si fuera un saco, y se la llevo a su casa… digo reino.
El príncipe se llamaba David Muyforte, hombre apuesto y valiente. Apenas aquellos amantes llegaron al pueblo más cercano, se unieron en sagrado matrimonio. Así Mela Rasca, paso a llamarse legalmente Mela Rasca Muyforte. Tal vez Mela pensó en tener una vida de princesa, en donde doncellas la cuidaran y mimaran, pero no. Junto a Muyforte solo conoció un nuevo lugar donde vivir encerrada, y peor aún un lugar donde nadie agradecía lo que hacia.
Final A
Pancracio por su parte, al perder su princesa, dejo de cuidar a otros seres, y dejo de ser cuidado por otros, así que tuvo que empezar a cuidarse por si mismo. Al poco tiempo, adelgazo, perdió sus alas y empezó a caminar en dos patas.
Final B
En cuanto a Pancracio, ¡pobre cerdo! Cayo en depresión, pues ya no podía degustar de las ricas comidas de Mela. Con tristeza recordaba esas largas tardes con su princesa, en las cuales ella le tiraba comida sin parar. El chancho pensaba en su soledad ¿me habrá odiado? No, no lo creo, ella sabia que era solo mi trabajo, que no los podía dejar pasar. Como sea, aún me queda un mes de contrato. Al poco tiempo Pancracio adelgazo notablemente, tanto que le daba pena a quien lo viese.
Pronto Mela empezó a extrañar su antiguo cautiverio. Se decía a si misma, al menos aquel chancho se comía con gusto lo que cocinaba. La situación con Muyforte llego a su fin cuando este trajo una nueva princesa a la casa. Hermosa y joven la había rescatado de un dragón ¡la gota que derramo el baso!
¿Cómo volver así como si nada a su prisión? Entonces la princesa tuvo una idea genial, idea que saco de shrek, no Shrek II. Llamo al 0700hada y pidió una formula mágica de amor. Pues hace mucho tiempo que ella había entendido los sentimientos del chancho, pero era un chancho, y una princesa no se casa con un chancho. Si bien la princesa quería hermosos y felices por siempre, esta formula era bastante cara, y se tuvo que conformar con “los pequeños detalles se hacen de otro tipo de belleza”.
Para no correr riego, Mela introdujo la formula en la comida, y ambos cambiaron. Ni ella se trasformo en chancho, y ni pancracio en príncipe. Pero, como que tomo forma de humano, además se le cayeron las alas, ¡ha! Y le salió bigote. En cuanto a la princesa, no le salieron alas, ni nada, solo su nariz se levanto un poco, pero un poco nada más.
Al poco tiempo se casaron, y legalmente Mela paso a llamarse Mela Rasca El chancho con alas.
Y vivieron felices por siempre. Bueno, al menos así era hasta ayer.

jueves, 18 de junio de 2009

perro de calle

Que será aquello que llamo mi atención, no lo se; pero hoy he comprobado que mi aparente preocupación por el mundo, no es más que una real falta de otredad.
Un día normal, tras una tarde de fingido estudio en la habitual biblioteca, en mi mano derecha la compra habitual, una fritura el manjar de pobres y apurados. Es impresionante como un producto tan pobre en alimento y conocidamente insano, es agradecido como don divino ante la persecución del hambre, aunque quizás solo sea el efecto de un aceite mal cocido, el que te vuelve adicto. Es impresionante como aquellas monedas que por casualidad encontré entre mi bolsillo, aumentan su valor frente al retumbar de las entrañas y el apremiar de una tarde sin comer.
Sobra tiempo en mi itinerario, y decido aprovecharlo, aunque tal vez simplemente no me he dado cuenta que siempre me sobra. Como sea, las risas de niños aún despreocupados por las vidas laborales que pronto afrontaran, llaman mi atención. Dos payasos animan el ocaso de ese día, pero no son más que humor burdo, un golpe por aquí y otro por allá, y en mi mente me empiezo a preguntar cuando deje de reír como niño.
Ya cansado de tanto grito y de ver a padres primerizos intentando controlar a incontrolables sabandijas, decidí retirarme, pues por culpa de aquella entretención vacía mi aperitivo empezaba a perder calor, y quien haya comprado una fritura en la calle comprenderá el grave cambio de sabor que eso provoca.
Justo en el momento en que daba la media vuelta de retirada, vi esa acorvada y peluda figura tan típica de un perro de la calle. Éste miraba con ojos llorosos por poder probar bocado, pero al instante me dejo en claro, que los perros de la calle son mucho más dignos que un perro de casa, pues apenas se dio cuenta que yo había dado con su mirada, se giro ignorándome, quizás tratando de tener algo de decencia.
No se que me llamo la atención en él, pero no pude evitar mirar como su cuerpo buscaba nervioso algún ocasional premio entre aquel barril de basura. Sin nunca dejar de preparar su costado para alguna inesperada patada del dueño de aquella basura, miraba de reojo tratando de ser ignorado.
Seguramente fue lastima, o simplemente aquella fritura ya me había hastiado, pero en mi mente nació la idea de regalarle aquella masa sobrante de mi compra, regalarle tan solo cien pesos de mi suerte. Pero no lo hice.
¿Por qué estará en la calle? ¿Habrá nacido en ella? ¿Lo habrán echado de su hogar? Como saberlo sin preguntarle, sin establecer contacto más allá de la burda piedad o impresión. ¿Cómo saber si mi regalo seria bien tomado? Como saberlo sin conocer a ese perro…como saber si aquel perro necesitaba mí ayuda.
Sin poder responder a ninguna pregunta, me retire consiente de que debí haber hecho el regalo. Pues al fin y al cabo, me detuvo la impresión de que si lo hacia, lo humillaría. Pues claro, yo me sentiría humillado, si un extraño me diera su comida. Pero como un perro de la calle podía tener esos sentimientos, que dignidad puede tener un simple animal.
No se que fue lo que me llamo la atención de él, tal vez que era casi de mi porte, y que caminaba casi tan erguido como un humano promedio. Quizás eso me confundió, y me hizo pensar que era más que un perro. Tal vez eso me hizo imperioso cuidar el despojo de orgullo que le quedaba a aquel viejo perro, o quizás simplemente es una escusa para mi egoísmo. Quizás aquella figura que vi nunca fue un perro, pero lo era para cada uno de los que estuvimos presentes, también para el guardia que apenado cumplió su deber, al tomarlo del brazo y sacarlo del lugar.

martes, 16 de junio de 2009

El flautista

Amado por tiempo, adorado por Gaya; viento, hierba y arroyo, se complacían con el agitar mágico de sus dedos, magia nacía de ellos, y mágico era el sonido de aquella flauta.
Cuentan que el viejo roble, impregnado por el tiempo, impregnado del logos que solo otorga el nacer en tiempos sin cuenta. Un día, en su pueril alma concibió un sonido, pensó lo que nunca nada, ni nadie había pensado antes, de tan solo una gota de su dorada sabia, nació el flautista. Único y antiguo, desde el momento de nacer, el flautista fluyo, fluyo como su música, desbandado pero encantador…tal y como era su son.
Eternidades durmiendo arrullado en los lomos de la brisa, tal como si fuera una hoja resignada a la muerte, se quedo esperando la cura de un dolor vacio. Un día, la brisa le dejo durmiendo junto a un viejo sauce, el gran sauce hojas de plata era llamado. Como ninguno antes, aquel sauce conocía su dolor, único y antiguo desde la primera luz vista, nadie había como él y jamás lo habría. El sauce lo cobijo en sus hojas de plata y le regalo su lomo, para que sobre los eternos bamboleos del péndulo…pudiese tocar en una eternidad.
Por largas eras no hubo brisa en el mundo, más que algún suspiro contemplativo del viento. Pues este solo se entretenía revoloteando junto al flautista; admirándole y envidiándole.
Pero por más que le amasen y quisiesen, un sentimiento resaltaba en el espíritu de quien le viese…le compadecían. Su música como una mágica visión, hacía crecer los corazones de quien pasase, pero al mismo tiempo en que su música nacía, su corazón era consumido. Pues, qué es la más bella música, qué es la perfección, sino tienes eso…eso que pides, eso que gritas, eso que anhelas, pero que solo puedes sentir…
Un día la primavera llega…y junto a ella, una joven. Su cabello blanco y rostro dorado, parecían esculpidos por aquellos magnánimos genios que nacen solo una vez. En silencio tomo asiento, y oír a su amante sin nombre fue su tarea. Nunca hablaron, pocas veces se miraron, pero nunca amor así ha conocido el mundo. Pues que se necesita para amar, sino más que amor. El canto de la flauta nunca antes había sido tan maravilloso; tan suaves ¡y tan gloriosas!, fueron las notas, que en aquel momento del mundo, solo hubo primavera junto al viejo árbol.
Un día la primavera termino, y aquel día la joven se fue con ella. Al mismo tiempo se moría la magia del flautista; vivir la soledad solo conociendo soledad, es un terrible castigo…pero peor castigo es vivirla, después haber tenido la compañía de ella. El viejo sauce le abrazaba, como intentando consolarle, ¿pero que podía entender éste del corazón del flautista? Por primera vez era amante, y ahora por primera vez, era despojo.
Al mirarle el corazón del viento sucumbió. Te haz enamorado de una primavera…le dijo…y como cada primavera, ha muerto; pero cada una que se va, vive en la próxima; nace, crece y muere en forma de una flor. Dadme tu flauta y te hare mi hijo…así podrás buscarle por la eternidad, y algún día…si el destino siempre envidioso de los que aman, te permite volver a encontrarle, será tuya para siempre.
El flautista a cambio de su única oportunidad, cedió su flauta sin pensarlo a aquel que ahora era su padre…no lo lamento, ni miró atrás.
Cuentan los viejos que si guardamos silencio, aún podemos escuchar como el viento intenta tocar aquella flauta, pero a pesar de lograr inquietar, el viento nunca ha logrado conmover. Cuentan las hojas…que el flautista alzo sus alas, y voló; voló sin rumbo, pero con un destino; también, cuentan que los hombres con el tiempo, lo llegaron a llamar colibrí
Y una vez…cuando vino a mi orilla para beber, me dijo al oído…que nunca ha dejado de buscarla.

miércoles, 10 de junio de 2009

colateral

Jean Paolo Cassini, era sin duda un ser extraordinario. Habiendo crecido en las calles de Roma, desde su niñez supo lo que era la lucha por la supervivencia. Su destino, como el destino de cualquiera que vive en la calle, era incierto, al menos hasta que a sus largos 16 años, fue reclutado por la organización. Entrenado tan solo para ser maestro en un solo arte, la muerte. Ya a los 32 años, tenía más de 72 victimas a su haber, y en su cuenta más de 10 millones de dólares, cargados de la sangre de victimas que cuya vida jamás conoció.
Al bajarse del avión, hace lo que siempre hace al llegar a un país como Chile; intenta caminar y copiar los movimientos, de aquellos a los que llama nativos. Mientras hace esto, se pregunta cual será su próximo trabajo. En cierta forma, intenta apresurar el paso para obtener aquella intimidad, que tanto le encanta a aquellos que guardan secretos; no lo puede negar, su trabajo le encanta. Al ansioso llamado de Jean Paolo, un taxi como cualquier otro, se detiene igualmente ansioso de tomar un pasajero. Sin dudar se sube al vehículo, ha encontrado el lugar que le dará aquella intimidad solitaria que busca.
Todo hubiese sido normal, si al tomar asiento, no se hubiese clavado, con lo que pensó él, era un resorte suelto. Así sin darle mayor importancia, pues estaba en el tercer mundo, y esas simplemente pasan en el tercer mundo, con un falso español delatado por una falta de fluidez, le pide, amablemente al conductor que le lleve a Las Condes, y este a su vez, le responde amablemente…como usted ordene.
Sin preocuparse de su barbudo y desaliñado chofer abre su computadora portátil, la clave: Sagitario, ese era su verdadero nombre; esa, era su verdadera naturaleza; esa, era la identidad que su amada organización le había dado. Una gran sonrisa salió de entre sus labios, el mensaje esperado, el mensaje que contenía el nombre de su objetivo, había llegado.
Matar a una mujer, era siempre más complicado para Sagitario, pues no era tan solo deslizar con firmeza el cuchillo por garganta de la victima. Este no podía evitar sentir cierto deseo, por aquella a la cual, convertía en su victima; es por eso, que ya varias veces había tomado un botín extra de este tipo de trabajo. Recordaba con particular emoción a una abogada Brasileña, que había accedido a todo con tal de que no la matara. Si hubiese sido por él la habría dejado vivir, pues se había portado de manera divina, pero él era un profesional.
Ya empezaba a soñar como aquella bella mujer de la foto, se atragantaba con su sexo con tal que él, el todo poderoso sagitario, no descargara una bala en su sien. Pero, mientras ese sueño perverso nacía, otro sueño muy distinto empezaba a mellarle, su corazón parecía detenerse, así como su mano izquierda se perdía en la niebla que empañaba sus cansados ojos. ¡Deténgase!, ¡deténgase!, ¡me siento mal!, le gritaba al taxista; pero de este, tan solo unas burlonas risas obtuvo. Improperios en italiano y en español salían de la boca de sagitario, pero solo se encontraban con las risas del taxista. Ya sin poder evitarlo, suavemente caía en un lento sueño que le era incontrolable. Justo antes de perder el conocimiento, escucho venir desde el asiento del conductor un aterrador: jajaja…cabrito.
No sabía cuanto tiempo había pasado, pero era tarde, ya casi no quedaba gente en ese, el parque en que le habían dejado. Tenía sus documentos y billetera intactas, y además su computadora estaba bajo su brazo. Sentado en silencio, terminaba de salir de su adormecimiento, pero a medida en que lo hacía, un dolor en su espalda le obligaba a pararse de manera imperiosa. Una vez en pie, al intentar caminar descubrió que el dolor era aún más fuerte. Al meter su mano, a través de la parte trasera del pantalón, se encontró con humedad; al ver la sangre en sus dedos, y algún otro rastro; comprobó lo que tanto temía.

el consejero

Una mañana como todas las mañanas, me alcé de la cama para como todas las mañanas orinar. Mientras lavaba mis manos noté algo raro en mi cuello. Intenté reventar lo que a mi entender, era un grano de acné… pero, por más que intente, no conseguí más que herirme la piel. Y al cabo de unos minutos deje de intentarlo, pues empezaba a hacerse para ir al colegio, y por que francamente me estaba doliendo bastante aquel enfrentamiento.
Recuerdo que al caminar por la calle no me dolía, pero sin embargo no podía dejar de sentirlo; estaba ahí, casi sentía que se movía. Intente disimular aquel molesto grano, estirando el cuello de mi camisa; en cierta forma esto hizo que me viera mejor, pues como nunca las chicas me sonreían…pero ahora que lo pienso, tal vez era a él a quien le sonreían.
Sentado en el mismo maldito banco de siempre, ese día las cosas parecían cambiar aquella mañana, pues esta vez al igual que en la calle, podía sentir como algunas compañeras me miraban de forma distinta.
Pero de pronto, todo pareció volver a la normalidad de mi triste vida. El profesor colocó frente a mí, el examen más difícil que jamás allá visto, en mi nerviosismo y preocupación por mi declarada ignorancia, no hice más que mirar al techo como buscando alguna salvación. Así empecé a repasar y repasar el examen, buscando alguna clave salvadora, o simplemente alguna clave oculta, solo para terminar comprobando que no existía. Pero súbitamente nació en mi oído, primero suave e indescifrable, pero pronto clara y fuerte, una mágica voz. Nadie parecía escuchar a parte de mí, y esto fue lo mejor; 24, 32, 121 etc, repetía la voz. Aún sin entender, el ¿Por qué? de la voz, comencé a contestar según esta me decía.
Una vez ya en casa recordé mi interrumpida lucha, esta vez aquella molestia debería estar madura, y yo tan solo presionando suavemente mis dedos, obtendría mi victoria. Paso que cuando puse mis dedos amenazando aquella horrible e incomoda protuberancia, una voz dijo: ¡alto! Obviamente mire para todos lados, busque por toda la casa a quien me había detenido. La voz volvió-no busques en otras partes, busca un espejo…y mira en tu cuello- después de todo le había hecho caso en todo un examen, por que no seguir aquella simple instrucción. Una vez frente al espejo descubrí bien mi cuello. Aquella protuberancia parecía moverse –sí, soy yo, también fui el que te ayudo a responder en el examen…acaso matarías a alguien tan útil- Por largo rato el grano expuso razones para que yo le permitiese quedarse en mi cuello. Después de pensarlo muy bien, llegue a la conclusión de que el grano tenia razón…ahora después de lo ocurrido, solo podría decir que el grano era demasiado elocuente. Por otra parte, por que decirle que no, hasta ahora sigue siendo lo mas emocionante que ha pasado en mi vida.
Ponte esa camisa, con ese pantalón…dile que esos aros nuevos, se le ven hermosos…la capital de Brasil es Brasilia… ¡vamos dale el bezo ahora!, lo desea…acaríciala ahora, te desea…Fueron tantos los buenos consejos que el grano me dio… que la verdad, comencé a considerarlo mi amigo…tristemente, mi único amigo. Por cierto le di hasta un nombre, lo bautice como Anito, la confianza fue tal, que cuando este me pidió que le dejara controlar al menos una mano…aunque en principio me negué, luego de escuchar sus justificaciones, no dude en permitírselo.
Tras un tiempo, pude aceptar que Anito ganara los partidos de ping-pong; también podía soportar que su mano me ganara en las pulsadas; pero lo que no pude soportar, fue cuando mi novia hizo alusión, a que una de mis manos era sencillamente mágica, y la otra, solo torpe; lamentablemente la mía era la torpe. Desde aquel momento ya no pude soportar a aquel maldito usurpador.
¡Te matare!, ¡ya no te soporto!, ¡maldito grano poseído por el demonio! ¡Grano… de malas intenciones! Si bien el desgraciado se rió a carcajadas, de cuanta amenaza hice, este sabia muy bien que estaba decidido.
Así que me miró, e intento hacer lo que siempre hacia, darme buenos argumentos- Se te olvidaba que controlo una mano… a caso piensas que te voy a dejar matarme- el muy maldito, me maldecía mientras se estiraba para causarme dolor.
Era el momento…Mientras uno intentaba reventar al otro, otro intentaba noquear al uno, forcejeamos largo rato, hasta que tristemente la lucha quedo definida a su favor; que puedo decir, Anito era más fuerte.
Pero cuando Anito se jactaba de su vitoria, en un momento de distracción contraataque, y en un certero apretón me deshice de él. Sobre el mismo espejo, en que un día lo conocí, lo veía morir.
Todo volvió a la normalidad… Ahora nadie me mira, no tengo novia y he vuelto a fallar en los exámenes. He comprobado que lo único valioso que ha nacido de mi, ha sido él. Ahora se que ese día la victoria debió haber sido suya, ahora he vuelto a ser yo, el que a nadie le importaba. Como quisiera volver atrás.
…Ayer ha pasado algo fascinante, caminando por la calle mi mano, se lanzo involuntaria a los glúteos de una señora, y solo yo, pude oír risa…

martes, 12 de mayo de 2009

la figura del riel

El tren avanzó, implacable y monótono como siempre. Las luces del paisaje, pasaron como pequeñas luciérnagas errantes. Un pequeño cuerpo, se aterra al escuchar la bocina, de una luz lejana, y sin más, se aferra de los rieles. Un maquinista empieza ha cansarse de jalar la bocina, mientras sus pensamientos le terminan por superan…
El cien por ciento de los hombres, sueña que le paguen sin trabajar…el 90% de los padres, anhelan ver crecer a sus hijos…los maquinistas, son el gremio que jubila más joven…también son unos de los que más van al psicólogo…no es la primera niña…puede ser la última…o simplemente una más…el humano promedio, tarda en reaccionar al menos un segundo…un tren cargado, necesita para detenerse al menos un km…
Presiono suavemente el acelerador, buscando acabar pronto. Cerró los ojos y agacho la cabeza, así en la sesión del jueves, no tuviese que recordar su rostro.
El momento paso en silencio, el tren continúo con su pesado andar. El maquinista, no detuvo el tren, pues la experiencia que le daba haberse bajado veinticuatro veces, le imponía que era una perdida de tiempo…lo mejor era cumplir el itinerario.

miércoles, 29 de abril de 2009

grafitis dos

…Querida esposa, yo soy un caballero, pasad vos primero…firma Luis XVI…

…la más grande mentira…amor, sino la estaba mirando, te lo juro…

…Viva chile… ¡en mi gobierno reduciremos la pobreza! Y lo haremos subiendo los requisitos para ser pobres…

…que triste es mi vida…soy tan pobre que las moscas me demandaron por la falta de KK...

...grandes pensadores…¿pollito que quieres ser cuando grande? Super pollo…

…tengo un hijo… tan pajero que martillea los clavos con la mano…

…tengo una amiga…tan chica que el pololo le pego un cenicero en la cabeza…

…dicen las malas lenguas…que el Fiurer dijo: morirán muchos, pero es un sacrificio que estoy dispuesto a hacer, jamás dejaremos de cumplir un pedido de jabones…

Bonus…los damnificados por el huracán Katrina presentan: “Lo que el viento se llevó”…

Grafitis

…que sea lo que dios quiera…firma Dios…

...Viva chile…si la incompetencia fuera carrera, estaría agotada…

Gran pensador…para que mirar a los ojos si se puede mirar más abajo…

…que triste es mi vida… solo me entere que mi mujer gemía al hacer el amor cuando mi hermano me lo conto…

…tengo un hijo…tan weon, que me lo rechazo la teletón…(solo es humor negro)

…tengo una amiga…tan maraca que no se tira peos, se tira suspiros…

…la más grande mentira… ¡hay es que tengo nervio!, ¡te juro que es la primer vez que lo hago!…

Anonimos ante Dios

Buscando mayor comprimiso con la mancomunal intelectual "Anónimos ante Dios", propongo que cada integrante realiza alguna obra o pensamiento sobre la frase. Para caer en un nivel minimo de coherencia aqui esta mi pensameinto.

…frente al juicio de Dios todos seremos anónimos, pues no habrá nombres, solo hechos…

El tesoro (cuento preliminar)

Por muchos años el huaso Juan soñó con riqueza para dejar de trabajar en el campo, pero tras los mismos años el sol se había consumido su juventud y ya solo era un viejo que soñaba con tener plata. Un día su suerte pereció cambiar, compartiendo como todas las tardes después de su trabajo, y de la mano de su buena cañita de vino, y de cañita en cañita y de conversación en conversación, llego a su oído que un rico de renombre Don francisco Javier del solar, avaro y ambicioso como todos los ricos, había enterrado toda su riqueza a los pies de su viejo silo de Maiz, una torre de al menos veinte metros de altura y que bordeaba fácilmente los 100 años, calculaba el huaso. Al otro día de mañanita estaba plantado a los pies de la torre con pala y picota en mano, no dudo en faltar a su trabajo, a pesar de que su patrón lo tenia advertido de que si volvía a ausentarse lo cortaría de la pega, ya no le aguantaría más ausencias por culpa de sus borracheras, pero que era un trabajo en que se partía el lomo y apenas sacaba pal` pan, comparado a las riquezas que le daría aquel tesoro, así estuvo todo el primer día picando y sacando tierra sin parar, y ni siquiera a comer paro, parecía que ya olía la plata y eso más le picaba a seguir enterrando la pala, pero por mucho que escarbase el primer día nada encontró, a parte de zapatos viejos.
El segundo día…la misma historia, el olor se hacia más fuerte, la emoción le estremecía y más ganas de trabajar tenía, pero tan solo otro día sin comer se mando. Para el tercer día ya casi le había dado la vuelta sacando tierra a la torre del silo, pero aún del tesoro no tenia más que el olor, así llego al sexto día le había dado ya dos veces la vuelta a la torre, de tanto sacar zapatos viejos perdió la cuenta, pero sin embargo el olor de la plata lo hacia estremecerse de alegría. A mitad del día ¡le dio una fatiga! que tuvo que parar a comer algo, pero justo cuando salía de la verdadera zanja que había hecho alrededor del silo, piso lo que parecía cuero, descubrió un poco más la tierra y ahí estaba, era una maleta, ni lo pensó y la abrió, en la maleta estaba su sueño…en ella estaba toda la plata que había querido en su vida, cuando la estaba abrazando y besando, una crujidera lo hizo poner atención y más atención le hizo poner el poco de tierra que le callo en el pelo, se paro asustado y vio como la torre a cada segundo se hacia más grande, con desesperación trataba de salir corriendo con la maleta, pero al tratar de correr con ella descubrió esta pesaba mucho, ya que su cuerpo recordaba la fatiga justo en el peor momento, tiraba y tiraba de la maleta, tratando de alejarse de la torre, y de tirar y tirar la maleta muy poco se alejo y al mirar hacia arriba solo vio ladrillos y fue lo último que vio…


El tesoro (cuento preliminar)

Por muchos años el huaso Juan soñó con riqueza para dejar de trabajar en el campo, pero tras los mismos años el sol se había consumido su juventud y ya solo era un viejo que soñaba con tener plata. Un día su suerte pereció cambiar, compartiendo como todas las tardes después de su trabajo, y de la mano de su buena cañita de vino, y de cañita en cañita y de conversación en conversación, llego a su oído que un rico de renombre Don francisco Javier del solar, avaro y ambicioso como todos los ricos, había enterrado toda su riqueza a los pies de su viejo silo de Maiz, una torre de al menos veinte metros de altura y que bordeaba fácilmente los 100 años, calculaba el huaso. Al otro día de mañanita estaba plantado a los pies de la torre con pala y picota en mano, no dudo en faltar a su trabajo, a pesar de que su patrón lo tenia advertido de que si volvía a ausentarse lo cortaría de la pega, ya no le aguantaría más ausencias por culpa de sus borracheras, pero que era un trabajo en que se partía el lomo y apenas sacaba pal` pan, comparado a las riquezas que le daría aquel tesoro, así estuvo todo el primer día picando y sacando tierra sin parar, y ni siquiera a comer paro, parecía que ya olía la plata y eso más le picaba a seguir enterrando la pala, pero por mucho que escarbase el primer día nada encontró, a parte de zapatos viejos.
El segundo día…la misma historia, el olor se hacia más fuerte, la emoción le estremecía y más ganas de trabajar tenía, pero tan solo otro día sin comer se mando. Para el tercer día ya casi le había dado la vuelta sacando tierra a la torre del silo, pero aún del tesoro no tenia más que el olor, así llego al sexto día le había dado ya dos veces la vuelta a la torre, de tanto sacar zapatos viejos perdió la cuenta, pero sin embargo el olor de la plata lo hacia estremecerse de alegría. A mitad del día ¡le dio una fatiga! que tuvo que parar a comer algo, pero justo cuando salía de la verdadera zanja que había hecho alrededor del silo, piso lo que parecía cuero, descubrió un poco más la tierra y ahí estaba, era una maleta, ni lo pensó y la abrió, en la maleta estaba su sueño…en ella estaba toda la plata que había querido en su vida, cuando la estaba abrazando y besando, una crujidera lo hizo poner atención y más atención le hizo poner el poco de tierra que le callo en el pelo, se paro asustado y vio como la torre a cada segundo se hacia más grande, con desesperación trataba de salir corriendo con la maleta, pero al tratar de correr con ella descubrió esta pesaba mucho, ya que su cuerpo recordaba la fatiga justo en el peor momento, tiraba y tiraba de la maleta, tratando de alejarse de la torre, y de tirar y tirar la maleta muy poco se alejo y al mirar hacia arriba solo vio ladrillos y fue lo último que vio…


El maizal (cuento preliminar)

Como todas las noches, Carmen le servía un buen plato de cazuela a Juan antes de que saliera a revisar el riego de los maizales y como todas las noches su marido devoraba el plato hasta la última gota del caldo, pero esta noche, la mujer le contemplaba en silencio mientras acariciaba su dolido brazo. El hombre cursaba ya por los 50 años al igual que su esposa, solo un hijo había nacido de aquella unión y hace mucho que había abandonando el nido con rumbo a la ciudad. Juan como los hombres de pasados lejanos, era resistente y denodado en el trabajo, no teniendo razón real para seguir trabajando tan esforzadamente la tierra, lo seguía haciendo, claro, era la única forma de vida que conocía, ya que él, como pocos, era de esos hombres de antaño que no solo vivían de su tierra, sino que vivían por ella. Tras comer, y agradecer a su mujer y a Dios, se puso sus botas de agua, mientras que Carmen le acercaba el poncho negro, la linterna y su raída chupalla. Una vez en el patio, como todas las noches el hombre olio el aire mientras hacia un cigarrillo, tras saborear el pesado olor del humo, le dijo a su esposa -vez mujer, tal como te dije, el tipejo del tiempo se volvió a equivocar, nunca ha pensado llover- tomo su vieja pala de fierro, que como siempre estaba junto a la puerta y como cada noche la puso sobre su hombro- ya vieja, me voy a regar- y la tomo con su brazo derecho para darle un profundo bezo en la mejilla. ¡Pooolo! ¡toooma! ¡pooolo! Gritó, su fiel acompañante de cada noche, aquel quiltro blanco de las orejas caídas, que era acaso no más viejo que él, pero al igual que él, era de otros tiempos, tiempos en que las cosas duraban mucho más, aquel perro parecía bailar alrededor de su amo-a ver si hoy te pillas el conejo, no te puede pasear tantos días-le dijo al perro mientras tocía enfermizamente gracias al vicio de su vida, vicio que hace mucho se había dado cuenta que no dejaría y al cual no tenia la menor intención de dejar, la vida nos da pocos placeres como para privarse uno mismo de ellos, se decía a si mismo cuando la toz era tan fuerte que le llegaba a asustar.
Al cruzar la vieja puerta de alambres de púas quedo frente a su querido maizal, al entrar a este pudo sentir como las hojas lo saludaban rasguñándole el rostro al pasar, hojas que en otros rostros serían mucho más que un saludo o una molestia, pero su rostro no era como los otros rostros, sino que era como los rostros de antaño, esos buenos rostros. Como cada noche, aquel quiltro llamado Polo se perdía entre el silencio nocturno y las cañas en busca de algún rastro, pero los años hace tiempo se habían empezado a llevar el olfato de aquel can, y junto con su olfato se iban las posibilidades de que encontrara algo. ¡UMMM! Parece que va caer harto rocío esta noche- suspiro el viejo mientras acariciaba una de sus plantas, no sabia hace cuanto había empezado a hablarle al maíz, aunque la idea de hacerlo le parecía ridícula, era una maña que no intentaría jamás quitarse, pues hablarse a si mismo le parecía aun mas deprimente.
Cambiaba la postura del riego cuando sintió un frío terrible en su espalda, solo una vez en su vida sintió un miedo comparable, y fuese hace largos años atrás, cuando creyó a su hijo perdido en los cerros, pero este miedo era uno distinto, se levanto lentamente y alumbro a su alrededor metódicamente, solo tras recorrer cuidadosamente todo su entorno con la luz, pudo soltar el aire que sostenía en su pecho, pensó para sí que estaba bastante viejo para estar espantándose solo como si fuera cabro chico, incluso una vez más tranquilo, bromeaba consigo mismo, pensaba que si algo lo iba a atacar aquella noche, que por diosito no fueran duendes, odio a los duendes se repetía mientras sonreía. De pronto el perro ladró amenazante a poca distancia de él, al escuchar al quiltro, gritó con osadía al viento- ¡mira patas flacas!, ¡a mi no me veni na a asustar! y ahora te va`y y me daja`i de lesear al perro- dicho esto se detuvieron los ladridos del perro, al menos por un momento, por que al instante volvieron, pero esta vez no eran ladridos desafiantes, estos eran los ladridos de un perro asustado, y Juan lo sabía, un solo aullido de dolor dio lugar al silencio total, una sensación de persecución se apoderaba totalmente de aquel campesino, estaba claro, lo que ataco al polo vendría por él. Ahí estaba atrapado en su querido, en su maldito maizal, la prfunda penumbra, más oscura que la noche no permitía ver más allá de su mano, la penumbra le tenia a merced de su amenazante, para Juan estaba más que claro que algo estaba entre las cañas, que seguramente había matado a su perro y que ahora además lo estaba acechando a él, en su mente trataba de identificar a su amenazante, será el traiguén se preguntaba…de pronto el sonido de chapoteo en la acequia en que el mismo estaba parado, lo hizo virar a su espalda al mismo tiempo que preparaba la pala para defenderse de lo que sea que apareciese por entre las cañas, así estuvo por varios minutos en los que sintió que algo saltaría en cualquier momento, hasta que un nuevo movimiento de las cañas tras él, lo hizo girar, lo que vio o lo que creyó ver, fueron dos grades ojos de un verde fluorescente, estos parecían perderse entre las matas para luego aparecer con más fuerza, parecían querer atacarle, pero tras un instante eterno desaparecieron totalmente.
Por fin estaba libre de amenaza, espero reponerse un poco de la conmoción y emprendió la caminata más rápida que jamás haya hecho, obviamente no pudo dejar de mirar tras su hombro, solo dejo de hacerlo cuando Carmen abrió la puerta de la casa -va` llegaste temprano…que estai` blanco viejo, ¿que te pasa?, ¿te sentí mal?-el hombre la miro y la abrazo fuerte-no habli` leseras vieja, no vei´ que tenia ganas de verte, por que no me haci` un tecito será mejor- Estaban los dos sentados en la mesa, mientras el perplejo hombre tomaba aquel té que tanto necesitaba para calmar sus nervios, extrañamente esto parecía bastante normal, ahí estaban los dos viejos juntos sin hablarse, pero haciéndose compañía, el hombre miraba con atención como su mujer se acariciaba el brazo y estaba a punto de hablarle, pero los incesantes ladridos del polo lo hicieron poner atención, los golpes de alguien a la puerta de entrada lo descolocaron tanto, que apenas se percato como la mujer se levantaba a atender, por más que Juan se ofreció, esta insistió en ir -Juan te buscan- este se levanto nerviosamente, como titubeando, cierta desconfianza pasaba por su mente al acercarse a la mujer, podía ver como esta se acariciaba con más ímpetu su dolido brazo, una vez en la puerta pudo ver a un hombre de estatura media, vestido de blanco y con un saco de paño en la mano izquierda- don Juan, se le olvido esto- dijo aquel hombre mientras le alcanzaba el saco al viejo campesino que no terminaba de entender la situación, cuando abrió el saco pudo ver en su interior el cadáver de su perro, inmediatamente sintió nuevamente esa terrible sensación en la espalda, sabia perfectamente lo que esto significaba, con algo parecido a la resignación y la vergüenza, levanto la cabeza para ver por última vez el dolido brazo de su mujer, un resoplido de entre la oscuridad le hizo poner atención en el terrible dueño de los ojos verdes.

Las mensajeras (cuento preliminar)

Eran aproximadamente las 11:30 y al fin despertó, hace rato sentía como una molesta mosca jugaba en su nariz, entre sueños lanzaba manotazos al aire tratando de espantarla, pero en dicho ejercicio termino por despertarse, como cada mañana al abrir los ojos vio el patio a través de la ventana, pero esta vez no veía la madrugada, pues ya era bastante tarde por lo que pudo apreciar, un repentino deseo de seguir durmiendo lo sacudió y se acomodo de espalda sobre la cama, al hacerlo pudo ver como el cielo de su pieza estaba cubierto de moscas, un gesto de total extrañeza atravesó su rostro por unos segundos, ¿Qué hacían aquellas moscas en su pieza? La visón le quito el deseo de seguir en la cama, se destapo rápidamente y prosiguió a sentarse en el borde, perdió largo rato tratando de recordar el lugar en que en la noche anterior dejo sus zapatillas, pero por más que hizo memoria no pudo recordarlo, así que salió descalzó al patio, al darle la luz en el rostro directamente sintió uno de esos incontrolables deseos de bostezar y estirar los músculos, estaba aún sacudiéndose el sueño cuando algo en la casa le llamo la atención, a pesar de lo avanzado de la mañana la casa estaba en silencio, su perro Yako estaba en silencio, su madre y hermanas parecían no estar, hace rato que debieron de haberlo despertado, ni siquiera su padre lo había despertado para trabajar y eso si que le parecía demasiado extraño, llegó a preguntarse si le había ocurrido algo, estaba en esos pensamientos, cuando un molesto zumbido lo interrumpió, venia desde el cielo del corredor al igual que en su pieza este estaba lleno de moscas -que extraño- dijo en voz baja, de pronto escucho un llanto que venia desde el galpón, mientras corría hacia el origen del grito, el zumbido que ahora perecía atacar directamente a sus oídos se hacia aún más fuerte, tanto que a veces no escuchaba los llantos. Al final del camino pudo ver las figuras de sus dos hermanas mayores hincadas en el suelo, junto a ellas estaba Yako tirado sin vida, al ver a su viejo quiltro tirado corrió hacia él, el rigor mortis hace horas se había hecho con el can, lo acariciaba cuando el sonido del llanto de su madre lo espanto-¡papa!- pareció comprender de pronto toda la mañana y de un salto llego hacia ella, la abrazo intentando consolarla pero no podía, la mujer era inconsolable, por fin se atrevió a girar la cabeza y vio el cuerpo, pero no le causo sentimiento alguno, inusitadamente los sonidos se hicieron claros y pudo sentir los pasos de alguien que corría hacia el galpón, al instante aparecía un hombre adornado con una vieja chupalla y un rostro tosco de tantos años al sol, totalmente descompuesto cayo al suelo sin siquiera intención de evitarlo. Al dejar de abrazar a su madre, pudo alzar la mirada, para al fin ver como junto al cuerpo había un gran charco de sangre seca, al hacerlo, un dolor le recorrió hasta explotar en su cabeza, fue tal el sufrimiento que lo hizo recogerse sobre si mismo, al hacerlo bajo la mirada y puso atención en el resto del cuerpo…el pánico se hizo de él por entero, pues conocía muy bien aquellas zapatillas blancas.

viernes, 24 de abril de 2009

Hechos

Maldito pasado,
Que te dejas acariciar,
Tan dócil y tranquilo,
En las manos del que guía tu yugo
Y tan indomable ante los ojos
De quienes son obligados
A mirar desde una habitación a oscuras.
Grandioso presente,
Magnánimo sin duda,
...Ante los ojos del león que te cuida,
Cruel e injusto frente a los pies del ratón,
Tal cual un tren en fuga,
No puedes detener a quien despedazas,
Pues no puedes cuidar lo que apartas.
Esperado futuro,
Que Ad portas de tu nacimiento,
Aquel que como artesano te crea,
Ya refriega sus manos por la cosecha esperada,
Mientras que los impíos,
Temen solo con el olor de tu cercanía
y esto les nauseabunda el alma.
Bendito futuro distante
Utopía,
Momento perfecto,
Pues solo los poetas vivimos aquí,
Dulce hogar desdeñado por el resto,
Pues a ellos no les sirve la inutilidad,
Más les sirve su mirada,
Su ciega mirada.