Que será aquello que llamo mi atención, no lo se; pero hoy he comprobado que mi aparente preocupación por el mundo, no es más que una real falta de otredad.
Un día normal, tras una tarde de fingido estudio en la habitual biblioteca, en mi mano derecha la compra habitual, una fritura el manjar de pobres y apurados. Es impresionante como un producto tan pobre en alimento y conocidamente insano, es agradecido como don divino ante la persecución del hambre, aunque quizás solo sea el efecto de un aceite mal cocido, el que te vuelve adicto. Es impresionante como aquellas monedas que por casualidad encontré entre mi bolsillo, aumentan su valor frente al retumbar de las entrañas y el apremiar de una tarde sin comer.
Sobra tiempo en mi itinerario, y decido aprovecharlo, aunque tal vez simplemente no me he dado cuenta que siempre me sobra. Como sea, las risas de niños aún despreocupados por las vidas laborales que pronto afrontaran, llaman mi atención. Dos payasos animan el ocaso de ese día, pero no son más que humor burdo, un golpe por aquí y otro por allá, y en mi mente me empiezo a preguntar cuando deje de reír como niño.
Ya cansado de tanto grito y de ver a padres primerizos intentando controlar a incontrolables sabandijas, decidí retirarme, pues por culpa de aquella entretención vacía mi aperitivo empezaba a perder calor, y quien haya comprado una fritura en la calle comprenderá el grave cambio de sabor que eso provoca.
Justo en el momento en que daba la media vuelta de retirada, vi esa acorvada y peluda figura tan típica de un perro de la calle. Éste miraba con ojos llorosos por poder probar bocado, pero al instante me dejo en claro, que los perros de la calle son mucho más dignos que un perro de casa, pues apenas se dio cuenta que yo había dado con su mirada, se giro ignorándome, quizás tratando de tener algo de decencia.
No se que me llamo la atención en él, pero no pude evitar mirar como su cuerpo buscaba nervioso algún ocasional premio entre aquel barril de basura. Sin nunca dejar de preparar su costado para alguna inesperada patada del dueño de aquella basura, miraba de reojo tratando de ser ignorado.
Seguramente fue lastima, o simplemente aquella fritura ya me había hastiado, pero en mi mente nació la idea de regalarle aquella masa sobrante de mi compra, regalarle tan solo cien pesos de mi suerte. Pero no lo hice.
¿Por qué estará en la calle? ¿Habrá nacido en ella? ¿Lo habrán echado de su hogar? Como saberlo sin preguntarle, sin establecer contacto más allá de la burda piedad o impresión. ¿Cómo saber si mi regalo seria bien tomado? Como saberlo sin conocer a ese perro…como saber si aquel perro necesitaba mí ayuda.
Sin poder responder a ninguna pregunta, me retire consiente de que debí haber hecho el regalo. Pues al fin y al cabo, me detuvo la impresión de que si lo hacia, lo humillaría. Pues claro, yo me sentiría humillado, si un extraño me diera su comida. Pero como un perro de la calle podía tener esos sentimientos, que dignidad puede tener un simple animal.
No se que fue lo que me llamo la atención de él, tal vez que era casi de mi porte, y que caminaba casi tan erguido como un humano promedio. Quizás eso me confundió, y me hizo pensar que era más que un perro. Tal vez eso me hizo imperioso cuidar el despojo de orgullo que le quedaba a aquel viejo perro, o quizás simplemente es una escusa para mi egoísmo. Quizás aquella figura que vi nunca fue un perro, pero lo era para cada uno de los que estuvimos presentes, también para el guardia que apenado cumplió su deber, al tomarlo del brazo y sacarlo del lugar.
jueves, 18 de junio de 2009
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El relato es gris, desesperanzado, mmmm, interesante el juego sobre las otredades y la posibilidad de que le perro fuese la respuesta. Igual de todas formas siento que la respuesta esta en nuestra propia desicion a pesar del ridiculo, lo lugubre o irrisorio que produzcan nuestras acciones. No se busca lo que no se intuye creo sin prentesiones de filosofar, pero si intuimos por ejemplo la felicidad, es porque esta por ahí. el relato es medio metafisico-mlenacolico, como un especie de Dostovski menor (falta mucho todavia) pero es interesante el ambiente psicologico del relato.
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