miércoles, 29 de abril de 2009

Las mensajeras (cuento preliminar)

Eran aproximadamente las 11:30 y al fin despertó, hace rato sentía como una molesta mosca jugaba en su nariz, entre sueños lanzaba manotazos al aire tratando de espantarla, pero en dicho ejercicio termino por despertarse, como cada mañana al abrir los ojos vio el patio a través de la ventana, pero esta vez no veía la madrugada, pues ya era bastante tarde por lo que pudo apreciar, un repentino deseo de seguir durmiendo lo sacudió y se acomodo de espalda sobre la cama, al hacerlo pudo ver como el cielo de su pieza estaba cubierto de moscas, un gesto de total extrañeza atravesó su rostro por unos segundos, ¿Qué hacían aquellas moscas en su pieza? La visón le quito el deseo de seguir en la cama, se destapo rápidamente y prosiguió a sentarse en el borde, perdió largo rato tratando de recordar el lugar en que en la noche anterior dejo sus zapatillas, pero por más que hizo memoria no pudo recordarlo, así que salió descalzó al patio, al darle la luz en el rostro directamente sintió uno de esos incontrolables deseos de bostezar y estirar los músculos, estaba aún sacudiéndose el sueño cuando algo en la casa le llamo la atención, a pesar de lo avanzado de la mañana la casa estaba en silencio, su perro Yako estaba en silencio, su madre y hermanas parecían no estar, hace rato que debieron de haberlo despertado, ni siquiera su padre lo había despertado para trabajar y eso si que le parecía demasiado extraño, llegó a preguntarse si le había ocurrido algo, estaba en esos pensamientos, cuando un molesto zumbido lo interrumpió, venia desde el cielo del corredor al igual que en su pieza este estaba lleno de moscas -que extraño- dijo en voz baja, de pronto escucho un llanto que venia desde el galpón, mientras corría hacia el origen del grito, el zumbido que ahora perecía atacar directamente a sus oídos se hacia aún más fuerte, tanto que a veces no escuchaba los llantos. Al final del camino pudo ver las figuras de sus dos hermanas mayores hincadas en el suelo, junto a ellas estaba Yako tirado sin vida, al ver a su viejo quiltro tirado corrió hacia él, el rigor mortis hace horas se había hecho con el can, lo acariciaba cuando el sonido del llanto de su madre lo espanto-¡papa!- pareció comprender de pronto toda la mañana y de un salto llego hacia ella, la abrazo intentando consolarla pero no podía, la mujer era inconsolable, por fin se atrevió a girar la cabeza y vio el cuerpo, pero no le causo sentimiento alguno, inusitadamente los sonidos se hicieron claros y pudo sentir los pasos de alguien que corría hacia el galpón, al instante aparecía un hombre adornado con una vieja chupalla y un rostro tosco de tantos años al sol, totalmente descompuesto cayo al suelo sin siquiera intención de evitarlo. Al dejar de abrazar a su madre, pudo alzar la mirada, para al fin ver como junto al cuerpo había un gran charco de sangre seca, al hacerlo, un dolor le recorrió hasta explotar en su cabeza, fue tal el sufrimiento que lo hizo recogerse sobre si mismo, al hacerlo bajo la mirada y puso atención en el resto del cuerpo…el pánico se hizo de él por entero, pues conocía muy bien aquellas zapatillas blancas.

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