miércoles, 10 de junio de 2009

colateral

Jean Paolo Cassini, era sin duda un ser extraordinario. Habiendo crecido en las calles de Roma, desde su niñez supo lo que era la lucha por la supervivencia. Su destino, como el destino de cualquiera que vive en la calle, era incierto, al menos hasta que a sus largos 16 años, fue reclutado por la organización. Entrenado tan solo para ser maestro en un solo arte, la muerte. Ya a los 32 años, tenía más de 72 victimas a su haber, y en su cuenta más de 10 millones de dólares, cargados de la sangre de victimas que cuya vida jamás conoció.
Al bajarse del avión, hace lo que siempre hace al llegar a un país como Chile; intenta caminar y copiar los movimientos, de aquellos a los que llama nativos. Mientras hace esto, se pregunta cual será su próximo trabajo. En cierta forma, intenta apresurar el paso para obtener aquella intimidad, que tanto le encanta a aquellos que guardan secretos; no lo puede negar, su trabajo le encanta. Al ansioso llamado de Jean Paolo, un taxi como cualquier otro, se detiene igualmente ansioso de tomar un pasajero. Sin dudar se sube al vehículo, ha encontrado el lugar que le dará aquella intimidad solitaria que busca.
Todo hubiese sido normal, si al tomar asiento, no se hubiese clavado, con lo que pensó él, era un resorte suelto. Así sin darle mayor importancia, pues estaba en el tercer mundo, y esas simplemente pasan en el tercer mundo, con un falso español delatado por una falta de fluidez, le pide, amablemente al conductor que le lleve a Las Condes, y este a su vez, le responde amablemente…como usted ordene.
Sin preocuparse de su barbudo y desaliñado chofer abre su computadora portátil, la clave: Sagitario, ese era su verdadero nombre; esa, era su verdadera naturaleza; esa, era la identidad que su amada organización le había dado. Una gran sonrisa salió de entre sus labios, el mensaje esperado, el mensaje que contenía el nombre de su objetivo, había llegado.
Matar a una mujer, era siempre más complicado para Sagitario, pues no era tan solo deslizar con firmeza el cuchillo por garganta de la victima. Este no podía evitar sentir cierto deseo, por aquella a la cual, convertía en su victima; es por eso, que ya varias veces había tomado un botín extra de este tipo de trabajo. Recordaba con particular emoción a una abogada Brasileña, que había accedido a todo con tal de que no la matara. Si hubiese sido por él la habría dejado vivir, pues se había portado de manera divina, pero él era un profesional.
Ya empezaba a soñar como aquella bella mujer de la foto, se atragantaba con su sexo con tal que él, el todo poderoso sagitario, no descargara una bala en su sien. Pero, mientras ese sueño perverso nacía, otro sueño muy distinto empezaba a mellarle, su corazón parecía detenerse, así como su mano izquierda se perdía en la niebla que empañaba sus cansados ojos. ¡Deténgase!, ¡deténgase!, ¡me siento mal!, le gritaba al taxista; pero de este, tan solo unas burlonas risas obtuvo. Improperios en italiano y en español salían de la boca de sagitario, pero solo se encontraban con las risas del taxista. Ya sin poder evitarlo, suavemente caía en un lento sueño que le era incontrolable. Justo antes de perder el conocimiento, escucho venir desde el asiento del conductor un aterrador: jajaja…cabrito.
No sabía cuanto tiempo había pasado, pero era tarde, ya casi no quedaba gente en ese, el parque en que le habían dejado. Tenía sus documentos y billetera intactas, y además su computadora estaba bajo su brazo. Sentado en silencio, terminaba de salir de su adormecimiento, pero a medida en que lo hacía, un dolor en su espalda le obligaba a pararse de manera imperiosa. Una vez en pie, al intentar caminar descubrió que el dolor era aún más fuerte. Al meter su mano, a través de la parte trasera del pantalón, se encontró con humedad; al ver la sangre en sus dedos, y algún otro rastro; comprobó lo que tanto temía.

2 comentarios:

  1. el erotismo de la muerte....el karma....demasiadas cosas......te felicito

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  2. todo era al final una confubalización.... que triste la muerte esta a la vuelta de la esquina. Veamos como sigue el nuevo genero.

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