El tren avanzó, implacable y monótono como siempre. Las luces del paisaje, pasaron como pequeñas luciérnagas errantes. Un pequeño cuerpo, se aterra al escuchar la bocina, de una luz lejana, y sin más, se aferra de los rieles. Un maquinista empieza ha cansarse de jalar la bocina, mientras sus pensamientos le terminan por superan…
El cien por ciento de los hombres, sueña que le paguen sin trabajar…el 90% de los padres, anhelan ver crecer a sus hijos…los maquinistas, son el gremio que jubila más joven…también son unos de los que más van al psicólogo…no es la primera niña…puede ser la última…o simplemente una más…el humano promedio, tarda en reaccionar al menos un segundo…un tren cargado, necesita para detenerse al menos un km…
Presiono suavemente el acelerador, buscando acabar pronto. Cerró los ojos y agacho la cabeza, así en la sesión del jueves, no tuviese que recordar su rostro.
El momento paso en silencio, el tren continúo con su pesado andar. El maquinista, no detuvo el tren, pues la experiencia que le daba haberse bajado veinticuatro veces, le imponía que era una perdida de tiempo…lo mejor era cumplir el itinerario.
martes, 12 de mayo de 2009
miércoles, 29 de abril de 2009
grafitis dos
…Querida esposa, yo soy un caballero, pasad vos primero…firma Luis XVI…
…la más grande mentira…amor, sino la estaba mirando, te lo juro…
…Viva chile… ¡en mi gobierno reduciremos la pobreza! Y lo haremos subiendo los requisitos para ser pobres…
…que triste es mi vida…soy tan pobre que las moscas me demandaron por la falta de KK...
...grandes pensadores…¿pollito que quieres ser cuando grande? Super pollo…
…tengo un hijo… tan pajero que martillea los clavos con la mano…
…tengo una amiga…tan chica que el pololo le pego un cenicero en la cabeza…
…dicen las malas lenguas…que el Fiurer dijo: morirán muchos, pero es un sacrificio que estoy dispuesto a hacer, jamás dejaremos de cumplir un pedido de jabones…
Bonus…los damnificados por el huracán Katrina presentan: “Lo que el viento se llevó”…
…la más grande mentira…amor, sino la estaba mirando, te lo juro…
…Viva chile… ¡en mi gobierno reduciremos la pobreza! Y lo haremos subiendo los requisitos para ser pobres…
…que triste es mi vida…soy tan pobre que las moscas me demandaron por la falta de KK...
...grandes pensadores…¿pollito que quieres ser cuando grande? Super pollo…
…tengo un hijo… tan pajero que martillea los clavos con la mano…
…tengo una amiga…tan chica que el pololo le pego un cenicero en la cabeza…
…dicen las malas lenguas…que el Fiurer dijo: morirán muchos, pero es un sacrificio que estoy dispuesto a hacer, jamás dejaremos de cumplir un pedido de jabones…
Bonus…los damnificados por el huracán Katrina presentan: “Lo que el viento se llevó”…
Grafitis
…que sea lo que dios quiera…firma Dios…
...Viva chile…si la incompetencia fuera carrera, estaría agotada…
Gran pensador…para que mirar a los ojos si se puede mirar más abajo…
…que triste es mi vida… solo me entere que mi mujer gemía al hacer el amor cuando mi hermano me lo conto…
…tengo un hijo…tan weon, que me lo rechazo la teletón…(solo es humor negro)
…tengo una amiga…tan maraca que no se tira peos, se tira suspiros…
…la más grande mentira… ¡hay es que tengo nervio!, ¡te juro que es la primer vez que lo hago!…
...Viva chile…si la incompetencia fuera carrera, estaría agotada…
Gran pensador…para que mirar a los ojos si se puede mirar más abajo…
…que triste es mi vida… solo me entere que mi mujer gemía al hacer el amor cuando mi hermano me lo conto…
…tengo un hijo…tan weon, que me lo rechazo la teletón…(solo es humor negro)
…tengo una amiga…tan maraca que no se tira peos, se tira suspiros…
…la más grande mentira… ¡hay es que tengo nervio!, ¡te juro que es la primer vez que lo hago!…
Anonimos ante Dios
Buscando mayor comprimiso con la mancomunal intelectual "Anónimos ante Dios", propongo que cada integrante realiza alguna obra o pensamiento sobre la frase. Para caer en un nivel minimo de coherencia aqui esta mi pensameinto.
…frente al juicio de Dios todos seremos anónimos, pues no habrá nombres, solo hechos…
El tesoro (cuento preliminar)
Por muchos años el huaso Juan soñó con riqueza para dejar de trabajar en el campo, pero tras los mismos años el sol se había consumido su juventud y ya solo era un viejo que soñaba con tener plata. Un día su suerte pereció cambiar, compartiendo como todas las tardes después de su trabajo, y de la mano de su buena cañita de vino, y de cañita en cañita y de conversación en conversación, llego a su oído que un rico de renombre Don francisco Javier del solar, avaro y ambicioso como todos los ricos, había enterrado toda su riqueza a los pies de su viejo silo de Maiz, una torre de al menos veinte metros de altura y que bordeaba fácilmente los 100 años, calculaba el huaso. Al otro día de mañanita estaba plantado a los pies de la torre con pala y picota en mano, no dudo en faltar a su trabajo, a pesar de que su patrón lo tenia advertido de que si volvía a ausentarse lo cortaría de la pega, ya no le aguantaría más ausencias por culpa de sus borracheras, pero que era un trabajo en que se partía el lomo y apenas sacaba pal` pan, comparado a las riquezas que le daría aquel tesoro, así estuvo todo el primer día picando y sacando tierra sin parar, y ni siquiera a comer paro, parecía que ya olía la plata y eso más le picaba a seguir enterrando la pala, pero por mucho que escarbase el primer día nada encontró, a parte de zapatos viejos.
El segundo día…la misma historia, el olor se hacia más fuerte, la emoción le estremecía y más ganas de trabajar tenía, pero tan solo otro día sin comer se mando. Para el tercer día ya casi le había dado la vuelta sacando tierra a la torre del silo, pero aún del tesoro no tenia más que el olor, así llego al sexto día le había dado ya dos veces la vuelta a la torre, de tanto sacar zapatos viejos perdió la cuenta, pero sin embargo el olor de la plata lo hacia estremecerse de alegría. A mitad del día ¡le dio una fatiga! que tuvo que parar a comer algo, pero justo cuando salía de la verdadera zanja que había hecho alrededor del silo, piso lo que parecía cuero, descubrió un poco más la tierra y ahí estaba, era una maleta, ni lo pensó y la abrió, en la maleta estaba su sueño…en ella estaba toda la plata que había querido en su vida, cuando la estaba abrazando y besando, una crujidera lo hizo poner atención y más atención le hizo poner el poco de tierra que le callo en el pelo, se paro asustado y vio como la torre a cada segundo se hacia más grande, con desesperación trataba de salir corriendo con la maleta, pero al tratar de correr con ella descubrió esta pesaba mucho, ya que su cuerpo recordaba la fatiga justo en el peor momento, tiraba y tiraba de la maleta, tratando de alejarse de la torre, y de tirar y tirar la maleta muy poco se alejo y al mirar hacia arriba solo vio ladrillos y fue lo último que vio…
El segundo día…la misma historia, el olor se hacia más fuerte, la emoción le estremecía y más ganas de trabajar tenía, pero tan solo otro día sin comer se mando. Para el tercer día ya casi le había dado la vuelta sacando tierra a la torre del silo, pero aún del tesoro no tenia más que el olor, así llego al sexto día le había dado ya dos veces la vuelta a la torre, de tanto sacar zapatos viejos perdió la cuenta, pero sin embargo el olor de la plata lo hacia estremecerse de alegría. A mitad del día ¡le dio una fatiga! que tuvo que parar a comer algo, pero justo cuando salía de la verdadera zanja que había hecho alrededor del silo, piso lo que parecía cuero, descubrió un poco más la tierra y ahí estaba, era una maleta, ni lo pensó y la abrió, en la maleta estaba su sueño…en ella estaba toda la plata que había querido en su vida, cuando la estaba abrazando y besando, una crujidera lo hizo poner atención y más atención le hizo poner el poco de tierra que le callo en el pelo, se paro asustado y vio como la torre a cada segundo se hacia más grande, con desesperación trataba de salir corriendo con la maleta, pero al tratar de correr con ella descubrió esta pesaba mucho, ya que su cuerpo recordaba la fatiga justo en el peor momento, tiraba y tiraba de la maleta, tratando de alejarse de la torre, y de tirar y tirar la maleta muy poco se alejo y al mirar hacia arriba solo vio ladrillos y fue lo último que vio…
El tesoro (cuento preliminar)
Por muchos años el huaso Juan soñó con riqueza para dejar de trabajar en el campo, pero tras los mismos años el sol se había consumido su juventud y ya solo era un viejo que soñaba con tener plata. Un día su suerte pereció cambiar, compartiendo como todas las tardes después de su trabajo, y de la mano de su buena cañita de vino, y de cañita en cañita y de conversación en conversación, llego a su oído que un rico de renombre Don francisco Javier del solar, avaro y ambicioso como todos los ricos, había enterrado toda su riqueza a los pies de su viejo silo de Maiz, una torre de al menos veinte metros de altura y que bordeaba fácilmente los 100 años, calculaba el huaso. Al otro día de mañanita estaba plantado a los pies de la torre con pala y picota en mano, no dudo en faltar a su trabajo, a pesar de que su patrón lo tenia advertido de que si volvía a ausentarse lo cortaría de la pega, ya no le aguantaría más ausencias por culpa de sus borracheras, pero que era un trabajo en que se partía el lomo y apenas sacaba pal` pan, comparado a las riquezas que le daría aquel tesoro, así estuvo todo el primer día picando y sacando tierra sin parar, y ni siquiera a comer paro, parecía que ya olía la plata y eso más le picaba a seguir enterrando la pala, pero por mucho que escarbase el primer día nada encontró, a parte de zapatos viejos.
El segundo día…la misma historia, el olor se hacia más fuerte, la emoción le estremecía y más ganas de trabajar tenía, pero tan solo otro día sin comer se mando. Para el tercer día ya casi le había dado la vuelta sacando tierra a la torre del silo, pero aún del tesoro no tenia más que el olor, así llego al sexto día le había dado ya dos veces la vuelta a la torre, de tanto sacar zapatos viejos perdió la cuenta, pero sin embargo el olor de la plata lo hacia estremecerse de alegría. A mitad del día ¡le dio una fatiga! que tuvo que parar a comer algo, pero justo cuando salía de la verdadera zanja que había hecho alrededor del silo, piso lo que parecía cuero, descubrió un poco más la tierra y ahí estaba, era una maleta, ni lo pensó y la abrió, en la maleta estaba su sueño…en ella estaba toda la plata que había querido en su vida, cuando la estaba abrazando y besando, una crujidera lo hizo poner atención y más atención le hizo poner el poco de tierra que le callo en el pelo, se paro asustado y vio como la torre a cada segundo se hacia más grande, con desesperación trataba de salir corriendo con la maleta, pero al tratar de correr con ella descubrió esta pesaba mucho, ya que su cuerpo recordaba la fatiga justo en el peor momento, tiraba y tiraba de la maleta, tratando de alejarse de la torre, y de tirar y tirar la maleta muy poco se alejo y al mirar hacia arriba solo vio ladrillos y fue lo último que vio…
El segundo día…la misma historia, el olor se hacia más fuerte, la emoción le estremecía y más ganas de trabajar tenía, pero tan solo otro día sin comer se mando. Para el tercer día ya casi le había dado la vuelta sacando tierra a la torre del silo, pero aún del tesoro no tenia más que el olor, así llego al sexto día le había dado ya dos veces la vuelta a la torre, de tanto sacar zapatos viejos perdió la cuenta, pero sin embargo el olor de la plata lo hacia estremecerse de alegría. A mitad del día ¡le dio una fatiga! que tuvo que parar a comer algo, pero justo cuando salía de la verdadera zanja que había hecho alrededor del silo, piso lo que parecía cuero, descubrió un poco más la tierra y ahí estaba, era una maleta, ni lo pensó y la abrió, en la maleta estaba su sueño…en ella estaba toda la plata que había querido en su vida, cuando la estaba abrazando y besando, una crujidera lo hizo poner atención y más atención le hizo poner el poco de tierra que le callo en el pelo, se paro asustado y vio como la torre a cada segundo se hacia más grande, con desesperación trataba de salir corriendo con la maleta, pero al tratar de correr con ella descubrió esta pesaba mucho, ya que su cuerpo recordaba la fatiga justo en el peor momento, tiraba y tiraba de la maleta, tratando de alejarse de la torre, y de tirar y tirar la maleta muy poco se alejo y al mirar hacia arriba solo vio ladrillos y fue lo último que vio…
El maizal (cuento preliminar)
Como todas las noches, Carmen le servía un buen plato de cazuela a Juan antes de que saliera a revisar el riego de los maizales y como todas las noches su marido devoraba el plato hasta la última gota del caldo, pero esta noche, la mujer le contemplaba en silencio mientras acariciaba su dolido brazo. El hombre cursaba ya por los 50 años al igual que su esposa, solo un hijo había nacido de aquella unión y hace mucho que había abandonando el nido con rumbo a la ciudad. Juan como los hombres de pasados lejanos, era resistente y denodado en el trabajo, no teniendo razón real para seguir trabajando tan esforzadamente la tierra, lo seguía haciendo, claro, era la única forma de vida que conocía, ya que él, como pocos, era de esos hombres de antaño que no solo vivían de su tierra, sino que vivían por ella. Tras comer, y agradecer a su mujer y a Dios, se puso sus botas de agua, mientras que Carmen le acercaba el poncho negro, la linterna y su raída chupalla. Una vez en el patio, como todas las noches el hombre olio el aire mientras hacia un cigarrillo, tras saborear el pesado olor del humo, le dijo a su esposa -vez mujer, tal como te dije, el tipejo del tiempo se volvió a equivocar, nunca ha pensado llover- tomo su vieja pala de fierro, que como siempre estaba junto a la puerta y como cada noche la puso sobre su hombro- ya vieja, me voy a regar- y la tomo con su brazo derecho para darle un profundo bezo en la mejilla. ¡Pooolo! ¡toooma! ¡pooolo! Gritó, su fiel acompañante de cada noche, aquel quiltro blanco de las orejas caídas, que era acaso no más viejo que él, pero al igual que él, era de otros tiempos, tiempos en que las cosas duraban mucho más, aquel perro parecía bailar alrededor de su amo-a ver si hoy te pillas el conejo, no te puede pasear tantos días-le dijo al perro mientras tocía enfermizamente gracias al vicio de su vida, vicio que hace mucho se había dado cuenta que no dejaría y al cual no tenia la menor intención de dejar, la vida nos da pocos placeres como para privarse uno mismo de ellos, se decía a si mismo cuando la toz era tan fuerte que le llegaba a asustar.
Al cruzar la vieja puerta de alambres de púas quedo frente a su querido maizal, al entrar a este pudo sentir como las hojas lo saludaban rasguñándole el rostro al pasar, hojas que en otros rostros serían mucho más que un saludo o una molestia, pero su rostro no era como los otros rostros, sino que era como los rostros de antaño, esos buenos rostros. Como cada noche, aquel quiltro llamado Polo se perdía entre el silencio nocturno y las cañas en busca de algún rastro, pero los años hace tiempo se habían empezado a llevar el olfato de aquel can, y junto con su olfato se iban las posibilidades de que encontrara algo. ¡UMMM! Parece que va caer harto rocío esta noche- suspiro el viejo mientras acariciaba una de sus plantas, no sabia hace cuanto había empezado a hablarle al maíz, aunque la idea de hacerlo le parecía ridícula, era una maña que no intentaría jamás quitarse, pues hablarse a si mismo le parecía aun mas deprimente.
Cambiaba la postura del riego cuando sintió un frío terrible en su espalda, solo una vez en su vida sintió un miedo comparable, y fuese hace largos años atrás, cuando creyó a su hijo perdido en los cerros, pero este miedo era uno distinto, se levanto lentamente y alumbro a su alrededor metódicamente, solo tras recorrer cuidadosamente todo su entorno con la luz, pudo soltar el aire que sostenía en su pecho, pensó para sí que estaba bastante viejo para estar espantándose solo como si fuera cabro chico, incluso una vez más tranquilo, bromeaba consigo mismo, pensaba que si algo lo iba a atacar aquella noche, que por diosito no fueran duendes, odio a los duendes se repetía mientras sonreía. De pronto el perro ladró amenazante a poca distancia de él, al escuchar al quiltro, gritó con osadía al viento- ¡mira patas flacas!, ¡a mi no me veni na a asustar! y ahora te va`y y me daja`i de lesear al perro- dicho esto se detuvieron los ladridos del perro, al menos por un momento, por que al instante volvieron, pero esta vez no eran ladridos desafiantes, estos eran los ladridos de un perro asustado, y Juan lo sabía, un solo aullido de dolor dio lugar al silencio total, una sensación de persecución se apoderaba totalmente de aquel campesino, estaba claro, lo que ataco al polo vendría por él. Ahí estaba atrapado en su querido, en su maldito maizal, la prfunda penumbra, más oscura que la noche no permitía ver más allá de su mano, la penumbra le tenia a merced de su amenazante, para Juan estaba más que claro que algo estaba entre las cañas, que seguramente había matado a su perro y que ahora además lo estaba acechando a él, en su mente trataba de identificar a su amenazante, será el traiguén se preguntaba…de pronto el sonido de chapoteo en la acequia en que el mismo estaba parado, lo hizo virar a su espalda al mismo tiempo que preparaba la pala para defenderse de lo que sea que apareciese por entre las cañas, así estuvo por varios minutos en los que sintió que algo saltaría en cualquier momento, hasta que un nuevo movimiento de las cañas tras él, lo hizo girar, lo que vio o lo que creyó ver, fueron dos grades ojos de un verde fluorescente, estos parecían perderse entre las matas para luego aparecer con más fuerza, parecían querer atacarle, pero tras un instante eterno desaparecieron totalmente.
Por fin estaba libre de amenaza, espero reponerse un poco de la conmoción y emprendió la caminata más rápida que jamás haya hecho, obviamente no pudo dejar de mirar tras su hombro, solo dejo de hacerlo cuando Carmen abrió la puerta de la casa -va` llegaste temprano…que estai` blanco viejo, ¿que te pasa?, ¿te sentí mal?-el hombre la miro y la abrazo fuerte-no habli` leseras vieja, no vei´ que tenia ganas de verte, por que no me haci` un tecito será mejor- Estaban los dos sentados en la mesa, mientras el perplejo hombre tomaba aquel té que tanto necesitaba para calmar sus nervios, extrañamente esto parecía bastante normal, ahí estaban los dos viejos juntos sin hablarse, pero haciéndose compañía, el hombre miraba con atención como su mujer se acariciaba el brazo y estaba a punto de hablarle, pero los incesantes ladridos del polo lo hicieron poner atención, los golpes de alguien a la puerta de entrada lo descolocaron tanto, que apenas se percato como la mujer se levantaba a atender, por más que Juan se ofreció, esta insistió en ir -Juan te buscan- este se levanto nerviosamente, como titubeando, cierta desconfianza pasaba por su mente al acercarse a la mujer, podía ver como esta se acariciaba con más ímpetu su dolido brazo, una vez en la puerta pudo ver a un hombre de estatura media, vestido de blanco y con un saco de paño en la mano izquierda- don Juan, se le olvido esto- dijo aquel hombre mientras le alcanzaba el saco al viejo campesino que no terminaba de entender la situación, cuando abrió el saco pudo ver en su interior el cadáver de su perro, inmediatamente sintió nuevamente esa terrible sensación en la espalda, sabia perfectamente lo que esto significaba, con algo parecido a la resignación y la vergüenza, levanto la cabeza para ver por última vez el dolido brazo de su mujer, un resoplido de entre la oscuridad le hizo poner atención en el terrible dueño de los ojos verdes.
Al cruzar la vieja puerta de alambres de púas quedo frente a su querido maizal, al entrar a este pudo sentir como las hojas lo saludaban rasguñándole el rostro al pasar, hojas que en otros rostros serían mucho más que un saludo o una molestia, pero su rostro no era como los otros rostros, sino que era como los rostros de antaño, esos buenos rostros. Como cada noche, aquel quiltro llamado Polo se perdía entre el silencio nocturno y las cañas en busca de algún rastro, pero los años hace tiempo se habían empezado a llevar el olfato de aquel can, y junto con su olfato se iban las posibilidades de que encontrara algo. ¡UMMM! Parece que va caer harto rocío esta noche- suspiro el viejo mientras acariciaba una de sus plantas, no sabia hace cuanto había empezado a hablarle al maíz, aunque la idea de hacerlo le parecía ridícula, era una maña que no intentaría jamás quitarse, pues hablarse a si mismo le parecía aun mas deprimente.
Cambiaba la postura del riego cuando sintió un frío terrible en su espalda, solo una vez en su vida sintió un miedo comparable, y fuese hace largos años atrás, cuando creyó a su hijo perdido en los cerros, pero este miedo era uno distinto, se levanto lentamente y alumbro a su alrededor metódicamente, solo tras recorrer cuidadosamente todo su entorno con la luz, pudo soltar el aire que sostenía en su pecho, pensó para sí que estaba bastante viejo para estar espantándose solo como si fuera cabro chico, incluso una vez más tranquilo, bromeaba consigo mismo, pensaba que si algo lo iba a atacar aquella noche, que por diosito no fueran duendes, odio a los duendes se repetía mientras sonreía. De pronto el perro ladró amenazante a poca distancia de él, al escuchar al quiltro, gritó con osadía al viento- ¡mira patas flacas!, ¡a mi no me veni na a asustar! y ahora te va`y y me daja`i de lesear al perro- dicho esto se detuvieron los ladridos del perro, al menos por un momento, por que al instante volvieron, pero esta vez no eran ladridos desafiantes, estos eran los ladridos de un perro asustado, y Juan lo sabía, un solo aullido de dolor dio lugar al silencio total, una sensación de persecución se apoderaba totalmente de aquel campesino, estaba claro, lo que ataco al polo vendría por él. Ahí estaba atrapado en su querido, en su maldito maizal, la prfunda penumbra, más oscura que la noche no permitía ver más allá de su mano, la penumbra le tenia a merced de su amenazante, para Juan estaba más que claro que algo estaba entre las cañas, que seguramente había matado a su perro y que ahora además lo estaba acechando a él, en su mente trataba de identificar a su amenazante, será el traiguén se preguntaba…de pronto el sonido de chapoteo en la acequia en que el mismo estaba parado, lo hizo virar a su espalda al mismo tiempo que preparaba la pala para defenderse de lo que sea que apareciese por entre las cañas, así estuvo por varios minutos en los que sintió que algo saltaría en cualquier momento, hasta que un nuevo movimiento de las cañas tras él, lo hizo girar, lo que vio o lo que creyó ver, fueron dos grades ojos de un verde fluorescente, estos parecían perderse entre las matas para luego aparecer con más fuerza, parecían querer atacarle, pero tras un instante eterno desaparecieron totalmente.
Por fin estaba libre de amenaza, espero reponerse un poco de la conmoción y emprendió la caminata más rápida que jamás haya hecho, obviamente no pudo dejar de mirar tras su hombro, solo dejo de hacerlo cuando Carmen abrió la puerta de la casa -va` llegaste temprano…que estai` blanco viejo, ¿que te pasa?, ¿te sentí mal?-el hombre la miro y la abrazo fuerte-no habli` leseras vieja, no vei´ que tenia ganas de verte, por que no me haci` un tecito será mejor- Estaban los dos sentados en la mesa, mientras el perplejo hombre tomaba aquel té que tanto necesitaba para calmar sus nervios, extrañamente esto parecía bastante normal, ahí estaban los dos viejos juntos sin hablarse, pero haciéndose compañía, el hombre miraba con atención como su mujer se acariciaba el brazo y estaba a punto de hablarle, pero los incesantes ladridos del polo lo hicieron poner atención, los golpes de alguien a la puerta de entrada lo descolocaron tanto, que apenas se percato como la mujer se levantaba a atender, por más que Juan se ofreció, esta insistió en ir -Juan te buscan- este se levanto nerviosamente, como titubeando, cierta desconfianza pasaba por su mente al acercarse a la mujer, podía ver como esta se acariciaba con más ímpetu su dolido brazo, una vez en la puerta pudo ver a un hombre de estatura media, vestido de blanco y con un saco de paño en la mano izquierda- don Juan, se le olvido esto- dijo aquel hombre mientras le alcanzaba el saco al viejo campesino que no terminaba de entender la situación, cuando abrió el saco pudo ver en su interior el cadáver de su perro, inmediatamente sintió nuevamente esa terrible sensación en la espalda, sabia perfectamente lo que esto significaba, con algo parecido a la resignación y la vergüenza, levanto la cabeza para ver por última vez el dolido brazo de su mujer, un resoplido de entre la oscuridad le hizo poner atención en el terrible dueño de los ojos verdes.
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